Alicia Partnoy, 44 años después

Alicia Partnoy finalizó su testimonio y se emocionó brevemente sobre el escritorio de la embajada argentina en Whashington, desde donde se transmitió su aporte al juicio que se desarrolla en la sede de AMUC. Desde la sala, repleta en el cupo para el público con restricciones por pandemia, se aplaudió a rabiar.

Alicia Partnoy desde la embajada de Washington

“Sigo testimoniando porque se dan casos en que los genocidas quieren ser condenados como presos comunes, cuando son torturadores y asesinos. Tienen los recursos para atacar a los sobrevivientes; y por los niños… es mi deseo que encuentren a los chicos nacidos en cautiverio”, respondió la catedrática al ser consultada por las querellas.

La declaración fue solicitada por la fiscalía federal el 28 de julio, en la última audiencia de prueba testimonial de la acusación contra los 15 jefes militares de Neuquén y Bahía Blanca, a la espera de una sentencia en este juicio. Para el 12 de agosto se organizó la comparencia de cinco testimonios ofrecidos por las defensas.

Partnoy fue testigo en el centro clandestino de Bahía Blanca del nacimiento del bebé de Graciela Romero y de Raúl Metz, luego apropiado. Ambos fueron secuestrados en Cutral Co en 1977 y permanecen desaparecidos. “Estuve con Graciela unos días después, dijo que había tenido un niño. Nació el 17 de abril de 1977. El (guardia) zorzal -Heriberto Lavallén- colaboró en el parto y al que le decían Chamamé juntaba ropa, según él mismo me dijo. Estamos buscando a ese chico”, sostuvo.

Su declaración fue detallada sobre cómo era el centro clandestino, el sector de guardias, las habitaciones donde las y los cautivos eran mantenidos en literas, atados y con los ojos vendados. Relató los abusos, manoseos y humillaciones constantes. Dijo que los grupos de guardias se turnaban cada dos meses en el lugar. Describió la sala de torturas y los sectores de cocina y baño; el patio contiguo donde se instaló la casilla que se usó como maternidad clandestina.

Alicia es profesora de Literatura y está doctorada en letras. Se convirtió en activista de derechos humanos desde que logró salir al exilio. Fue secuestrada en su casa y su esposo, Carlos Sanabria, en el trabajo, cuando ambos participaban de la Juventud Peronista mientras estudiaban en la Universidad Nacional del Sur.

Permaneció 105 días cautiva antes de ser trasladada a la cárcel de Floresta y luego a Devoto. Ni bien logró salir del país, en 1979, denunció ante organismos internacionales la existencia del centro clandestino bahiense. “Cuando fue el juicio a las Juntas mi testimonio se descartó” -recordó- porque la única persona que confirmaba su desaparición forzada en ese lugar siniestro era su ex esposo, salvajemente torturado.

Explicó que con la reapertura de los juicios penales “fueron cientos los que se animaron” a testimoniar en Bahía Blanca, y esto le hizo pensar que podría tomarse un respiro de los recuerdos traumáticos y dolorosos que aparecen al responder las preguntas de las partes. Sin embargo, el deseo de justicia por “mis amigos y amigas de la universidad que fueron asesinados” en los centros clandestinos y los bebés apropiados, la llevó a testimoniar otra vez, en este caso, en el juicio de Neuquén.

Su descripción del centro clandestino bahiense y el croquis que figura en la causa tuvieron una similitud impactante con las pericias arquitectónicas y antropológicas que se hicieron del lugar de torturas, un testimonio que siguió al de Partnoy, también realizado de manera virtual. Fue un informe (realizado para la instrucción judicial) descripto por del arqueólogo de Gonzalo Conte Mac Donell, del equipo de trabajo Memoria Abierta en una realización en conjunto con el equipo de Antropología Forense de la UNS.

“Gracias por poder dar mi testimonio del genocidio en Argentina”, dijo en el inicio de su relato, desde la embajada. Partnoy relató que a los tres meses de permanencia bajo tortura en el V Cuerpo, le siguieron 52 días de prisión, donde ni la Cruz Roja internacional -cuando visitó las cárceles de la dictadura- tomaba sus dichos sobre lo ocurrido con las mujeres asesinadas, los bebés apropiados o los fusilamientos disfrazados de enfrentamientos “porque no eran mis familiares, con el riesgo de vida en el que me sentía en ese momento”.

“Llevo 44 años denunciando sobre este lugar que fue demolido para destruir las evidencias”, sostuvo.

Alicia Partnoy desde la embajada de Washington

Shirley Herreros para la cobertura colaborativa