“Vengo a preguntar dónde está mi papá”

Lucas Asenjo miró a la cámara para que los genocidas que secuestraron a su papá Jorge Asenjo vean su cara, su mirada, su búsqueda ferviente de la verdad. Les dijo “qué pasó después es lo que vengo a preguntar yo acá. Yo no los puedo ver pero si me están viendo, este es mi papá, dijo mostrándole la fotografía de su padre desaparecido. Ustedes saben dónde está, pero díganme, porque a mí me gustaría saber”

Así transcurrió el movilizador testimonio de Lucas. Cuando los soldados y militares de alto rango irrumpieron en su hogar a las 2 de la mañana, él estaba en la panza de su mamá, Nilda Valente. 

Fabián Ceballos
«Vengo a aportar sobre su secuestro, pero qué pasó después, es lo que vengo a buscar acá…..»

Jorge Asenjo había llegado hacía unos años a Cinco Saltos desde Lanús, Buenos Aires. Era trabajador de Vialidad Nacional pero su espíritu inquieto lo llevó a renunciar para trabajar en una empresa frutícola como administrativo. En ese espacio de trabajo su sentido de la empatía lo llevó a formar una mutual para que puedan acceder todos los trabajadores. 

“Puedo decir quién es mi viejo, yo sé que para muchxs representa un compañero de trabajo, para algunxs la lucha, para otrxs la pluma. Yo creo que Jorge superó a Jorge, llegó un momento que trascendió, se lo ganó siendo un buen tipo. La gente me trata como si fuese su hijo, son las cosas que me dejó”.

Poco se sabe de la militancia de Jorge, tal vez una militancia atravesada por su trabajo como corresponsal en el diario El Mundo, por sus constantes charlas de política con conocidxs de la localidad o por su participación en el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT).

Lucas Asenjo declaró que el manto de miedo ya estaba instalado desde antes del secuestro de su papá, fundamentalmente porque ya habían secuestrado a Cecilia Vecchi y a Mirta Tronelli. Tal vez por eso Jorge comenzó a quemar las obras completas de Lenín y la prensa del PRT, en los días previos a su secuestro.

Lucas se enteró que es hijo de un desaparecido a los 25 años, a partir de ese día emprendió un camino de reconstrucción de su identidad. Visitó la casa de su abuela, quién le confirmó que era hijo de Jorge Asenjo. Luego empezó a buscar información hasta que descubrió que había una sobreviviente: Nora Rivera. 

“Yo tengo un primo en Cipolletti, en ese tiempo su novia trabajaba en una farmacia y le dije que si alguna vez iba a comprar Nora Rivera que le avise que Lucas Asenjo, el hijo de Jorge, la estaba buscando. Nora fue a comprar a esa farmacia”, expresó Lucas entre lágrimas. 

Los caminos invisibles unieron a Lucas y Nora, a partir de ese encuentro Nora lo invitó al acto que se realizó en la Plaza de la Memoria en Cinco Saltos en el 2008. Lucas plantó un árbol en nombre de Jorge y pudo seguir reconstruyendo la historia de su papá. Nora además fue la sobreviviente que ubicó a Jorge en un vuelo hacia Bahía Blanca. 

“Estoy agradecido que se hagan estos juicios de lesa humanidad, participamos colectivamente en muchos. Creo que llegamos tarde en algunos casos, corremos el riesgo de la inmunidad biológica, se van muriendo algunos genocidas sin juzgar y lo importante es lograr la mayor condena para los culpables. Pero el objetivo es saber la verdad y para saberla el tribunal debería permitir que los testimonios se transmitan en vivo. Porque de alguna manera uno se desnuda acá”, expresó Lucas.  Lucas relató que tiene 44 años y que su padre tenía 37 años cuando lo secuestraron. Repasó todos aquellos momentos con su papá que fueron negados y la vida que tenía Jorge por delante para seguir haciendo esas transformaciones obreras.

Hoy Lucas señala que ser hijo de desaparecido tiene la responsabilidad histórica de transmitir la memoria, pero también lo hace como militante del sindicato APA de trabajadores aeronáuticos. Una expresión de la reparación histórica que están realizando en la actualidad es la recuperación de los legajos laborales de las personas desaparecidas en la última dictadura militar, devolviendolos a sus respectivas familias. 

Fabián Ceballos
Lucas en los momentos previos al ingreso a la sala, con Noemí Labrune. Le entregó una carta

“Uno puede reconstruir algunas cosas pero ¿sabés lo que no tengo? No conozco la voz. Viste que la vida son esos momentos de felicidad entre felicidad, todo lo demás pasa entre esos momentitos. La vida feliz no existe, tiene esos momentitos y los atesora. Me gustaría tenerlos con mi viejo pero no los tengo y eso es lo que se juzga, lo que me falta. Todo eso que parece común para cualquiera ¿por qué yo no lo tuve?”, concluyó con firmeza Lucas Asenjo. 

Katherina Lang para la cobertura colaborativa del Sindicato de Prensa de Neuquén

PH Fabián Ceballos